Ser la persona más feliz y dichosa del mundo por tener a tus dos pequeños soles en tu vida.
Ser madre es también una sensación de hartazgo, de tener una soga atada al cuello, de ahogo y de desesperación.
De no poder más, de estar saturada de escuchar sólo quejas, llantos y que sólo oír decir Mamá, mamá, mamá, mamá, para demandar.
Es tener ganas de coger la puerta e irte, de gritar como una loca, de coger un punch y descargar todo el estrés que esa alta demanda acumula en tu día a día.
De arrepentimiento, de desear no tener hijos, de ansiar la libertad que antes se tenía, de volver al tiempo dónde todo era fácil, sencillo, rápido y en equipo.
De poder disfrutar de un "plan" sin que alguien haga un berrinche, te ponga mala cara o por qué no, sepa ir al baño antes de salir de casa.
Es desear tener tiempos para ti, para poder leer, relajarte o simplemente acicalarte con calma. Es querer tener tiempo en pareja, para hablar o simplemente pasear.
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